30.3.09

Late Night Tales II


Nunca sabes cuanta de la gente que asiste a estos espectáculos ha venido tan solo por el placer de mirar. Su participación es nula o discreta, tan solo observan dejando caer un reguero de baba por sus mentones por lo general mal afeitados. Suelen quedarse alejados de la primera fila donde se estrujan los más enfervorecidos que corean y abuchean. Estos últimos son los que desearían subir al escenario y ser abucheados y envidiados por sus semejantes.

Hay dos pequeños rings en el centro de la sala. Los miércoles suelen celebrarse combates de boxeo. Pero el domingo es una noche especial. En uno de ellos, una mujer de edad cercana a los treinta y cinco y con una larga melena rubia oxigenada se enfrenta a cinco hombres con máscaras de personajes de Disney. En el otro, dos parejas de explosivas morenas practican los juegos A.T. más perversos. A.T. son las siglas de animal training y eso conlleva collares, espuelas, bozales, látigos y demás parafernalia. Las tres barras del local también sirven de escenario. De una de ellas acaban de bajar un tipo y una chica con ambas piernas amputadas que han hecho las delicias de todos aquellos acrotomofílicos presentes esta noche.

En otra, una preciosa chica con el coño afeitado se da un banquete de Fresh Cream Dip, un clásico de los chicos de alquiler británicos de los década de los cincuenta a quienes les dio por pringarse el rabo con queso tipo Philadelphia para el deleite oral de sus clientes y clientas. El público ánima a la apasionada glotona: "¡come! ¡come! ¡come!"

En el ring número uno una ovación corea la culminación de un excitante bukkake. El próximo miércoles otro boxeador se quejará por pringarse de lefa seca al caer al cuadrilátero.