16.3.11

ADRENALINA

 
Nos fuimos a buscar unos flyers para entrar de gratis. Según nos dijo el portero seguro que daban en un bar cercano. No nos arriesgamos e ingresamos en cada uno de los bares en las proximidades. Obviamente no perdimos el tiempo y fuimos repostando en cada estación.
Nuestra búsqueda no estaba dando sus frutos. En una parada en la plaza, nos abordó un pobre diablo que hasta nuestra llegada estaba apoyado sobre una estatua de bronce.
-Si tenéis un porro os pago un millón. Bueno... un millón no. Pero doscientos sí.
Carecía de incisivos, por lo que los colmillos (o caninos) cogían un un protagonismo terrorífico. Como muchos de su especie el peso de su cabeza le provocaba una curvatura permanentemente en su espalda. Entonces se presentó:
-Yo soy Luisdediós ¿y vos?
Tras un poco de palique le dimos una de nuestras latas de cerveza y nos encaminamos, de nuevo, hacia algún garito. Nada más abandonar la plaza nos encontramos tres pelotas brillantes talladas en madera. Una para cada uno. Posiblemente por la taja, pero también por la miticidad del personaje que acabábamos de dejar atrás, entendimos que Luisdediós las había dejado ahí para nosotros, como un regalo por darle conversación y cerveza. Entendimos que si satisfaces a Luisdediós él te otorgará un regalo. Por el contrario, si le faltas al respeto no tendrá clemencia. De sus colmillos brotarán chorros de ácido y  te convertirá en una más de las estatuas de bronce que pueblan la plaza mientras recita su sentencia: Si de Luisdediós te ríes, Luisdediós te fríe!
Ya empezaba a ser tarde para encontrar unos flyers que nos permitieran el libre acceso a aquel local. Así que nos apresuramos a entrar en cualquier sitio a preguntar. Por alguna razón los bares habían desaparecido. Al cabo de un par de minutos por fin se apareció uno que ostentaba un parpadeante cartel luminoso. Parecía, la verdad, muy acogedor. Entramos. Miramos un segundo y algo no cuadraba. Pero antes de darnos cuenta de qué era ya nos habían sugerido nuestra retirada. Una amable mujer nos guío de nuevo a la puerta (a menos de un metro). Antes de huir del todo le preguntamos por los flyers. "Aquí no hay flyers. Os habéis metido en un chochal de mucho cuidado." Joder, en mi pueblo whiskería no quiere decir que sea un puti. O sí. No lo sé.